El primer paso puede ser mucho más corto de lo que imaginamos. Para alguien que lleva tiempo sin hacer actividad física, ponerse las zapatillas y salir a caminar puede ser suficiente para empezar. No hace falta completar una determinada distancia ni terminar cansado. Los entrenadores más experimentados recomiendan comenzar con pequeñas cantidades de actividad y aumentar gradualmente su duración, frecuencia e intensidad. También aconsejan establecer un momento específico para moverse como una manera de generar una rutina.
La idea es sencilla: antes de construir un entrenamiento, hay que construir el hábito de salir. Por eso, una caminata de 15 o 20 minutos puede parecer poco frente a una sesión de running, pero puede tener otro valor cuando se repite. Salir hoy, volver a hacerlo mañana o establecer tres días de la semana para caminar convierte una acción aislada en una parte de la agenda.
Caminar, además, cuenta como actividad física. Así lo define el Ministerio de Salud de la Nación, que incluye caminar entre las formas más comunes de movimiento junto con andar en bicicleta, bailar, practicar deportes o realizar determinadas tareas cotidianas. La actividad física regular está asociada con beneficios para la salud cardiovascular, la prevención de enfermedades no transmisibles, la salud mental y el bienestar general.
La progresión puede aparecer después. Primero caminar. Luego caminar un poco más. Tal vez aumentar el ritmo. Más adelante, para quien tenga ganas y esté en condiciones de hacerlo, alternar algunos minutos de caminata con otros de trote. No existe la obligación de llegar a correr: el objetivo inicial es encontrar una forma de movimiento que pueda sostenerse en el tiempo. Una de las premisas es elegir actividades que resulten agradables y adaptarlas al ritmo y a las posibilidades de cada persona.
La realidad argentina muestra, además, que construir una relación sostenida con la actividad física no es un tema menor. Un trabajo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET analizó los hábitos deportivos y la práctica de actividad física de la población adulta argentina a partir de las Encuestas Nacionales de Actividad Física y Deporte de 2009 y 2021. El estudio permite observar cómo fueron cambiando —y también qué continuidades permanecieron— en las formas de hacer actividad física en nuestro país.
Por eso, quizás el mejor objetivo para alguien que quiere empezar no sea preguntarse cuánto tiene que entrenar, sino cuándo va a salir. Elegir un momento, ponerse las zapatillas y caminar. Repetirlo hasta que deje de sentirse como una obligación y empiece a formar parte de la vida cotidiana. Porque el entrenamiento puede venir después. El primer paso es mucho más simple: empezar a salir.