La historia de Trail Run Rosario empezó bastante antes de que existiera Trail Run Rosario. Lisandro Ruffo ya llevaba años vinculado al deporte y a las carreras de aventura, pero había algo que siempre tiraba más fuerte: la montaña. Por gusto, por las vacaciones, por la familia y por esas escapadas a las sierras cordobesas que marcaron buena parte de su vínculo con la naturaleza. “Siempre me tiró la montaña por un tema de gustos”, cuenta Ruffo del otro lado del teléfono.
Después de haber trabajado durante más de 18 años en sociedad con un colega, llegó el momento de construir algo propio. Una marca, una identidad y una manera particular de entender ese mundo. “Quería que sea el reflejo de cómo vivo y siento la montaña”, explica. Así nació Trail Run Rosario, hace una década, con la intención de llevar ese vínculo a una ciudad que, en principio, no parece tener demasiado que ver con el trail.
Pero Rosario tenía algo. Una comunidad de corredores apasionados, acostumbrados a las carreras de calle y cada vez más interesados en mirar hacia la montaña. Ruffo encontró allí personas que soñaban con estar en esos lugares todas las veces que pudieran. Y también una ciudad atravesada por el río, con una relación muy cercana con la naturaleza. La montaña estaba lejos, pero el deseo de llegar hasta ella estaba muy cerca.
Los primeros viajes a El Cruce reflejan bien ese espíritu. Campamentos, bolsos, carpas y una aventura mucho más agreste que la que hoy ofrecen muchas carreras. Había que resolver cada cosa sobre la marcha. Y en ese camino también se fue formando el grupo. Porque el trail, para Ruffo, nunca fue solamente correr.
“Lo más lindo son los viajes porque se genera una comunidad mucho más cercana y cada uno ayuda al otro en lo que pueda para que ese otro llegue a su objetivo”, dice. En Trail Run Rosario conviven corredores que recién empiezan a caminar y trotar con otros que tienen un ultra en el horizonte. La respuesta para acompañarlos, entonces, no puede ser la misma para todos. Los planes se adaptan a cada objetivo, pero hay una premisa que permanece: todos merecen el mismo trato.
Esa mirada también transformó la manera de entrenar de Ruffo, Licenciado en Educación Física y Máster en Ciencias de la Salud y el Deporte. Con los años aprendió a escuchar más. A salir a la montaña con sus corredores, ponerse a la par y entender que detrás de cada objetivo hay una persona. “Se aprende mucho de sus propias experiencias, de sus relatos, de sus vivencias, de sus miedos”, sostiene convencido. La teoría ayuda, la experiencia propia también, pero escuchar al otro termina siendo una herramienta fundamental.
Y después está aquello que sucede cuando se llega a la montaña. Ruffo insiste con una idea que parece sencilla, pero que en un deporte tan exigente puede perderse entre kilómetros, desniveles y relojes: agradecer el privilegio. Poder viajar con una mochila y las propias piernas hasta lugares que, de otro modo, serían inaccesibles. Un desierto. Una montaña. Un sendero perdido lejos del ruido.
“Es esencial no perder la capacidad de sorprenderse, de abrir bien grande los ojos”, explica. Y esa posibilidad trae también una responsabilidad. Quien llega a esos lugares lo hace, dice Ruffo, “de prestado”. Por eso en Trail Run Rosario hay una consigna tan concreta como necesaria: llevarse los propios residuos. Correr la montaña también implica cuidarla.
Quizás por eso, después de diez años, Ruffo sigue encontrando razones para ponerse al frente del grupo. Trail Run Rosario creció, sumó dos gimnasios donde trabajan fuerza y entrenamiento específico para corredores y construyó una comunidad que ya excede largamente a un grupo de entrenamiento. Pero la motivación original permanece intacta. “Sigo disfrutando muchísimo la actividad como si fuera el primer día”, reconoce. Solo que ahora lo hace con más experiencia, más conocimiento y un dominio mayor del terreno.
En definitiva, eso también forma parte de la identidad de Trail Run Rosario: aprender mientras se avanza. Llegar más lejos, sí. Prepararse mejor, también. Pero sin perder la capacidad de mirar alrededor, de ayudar al que corre al lado y de entender que, muchas veces, el verdadero destino de una carrera empieza bastante antes de la largada.