Durante décadas, el análisis de un partido se resumía en goles, posesión y remates al arco. Hoy, detrás de cada encuentro se generan millones de datos que permiten conocer cómo se mueve cada futbolista, cuánto acelera, cuándo disminuye el ritmo y hasta cómo responde físicamente a lo largo de los 90 minutos. El Mundial 2026 volvió a demostrar que la tecnología se convirtió en una herramienta indispensable para entender el rendimiento deportivo.

Gracias a los sistemas Connected Ball Technology, SofaScore y al seguimiento óptico de los jugadores mediante cámaras e inteligencia artificial, la FIFA registra en tiempo real la posición de cada futbolista, la distancia recorrida, la velocidad, las aceleraciones y desaceleraciones, además de otros indicadores que ayudan tanto a los cuerpos técnicos como a los árbitros. Según explicó Johannes Holzmüller, director de Innovación de la FIFA, el objetivo es "ofrecer información precisa que ayude a mejorar el rendimiento y contribuya a tomar mejores decisiones".

Uno de los datos que más llama la atención son las velocidades máximas. En el fútbol actual ya no resulta extraño que algunos jugadores como Kylian Mbappé, Vinícius Júnior, Alphonso Davies, Nico Williams o Nicolás Tagliafico alcancen registros cercanos a los 36 o 37 km/h en acciones puntuales. Sin embargo, los especialistas aclaran que esa cifra representa apenas unos segundos dentro del partido. Lo verdaderamente determinante es la capacidad de repetir esfuerzos de alta intensidad una y otra vez, recuperarse rápidamente y volver a acelerar pocos segundos después. Es decir, ser capaz de repetir ese esfuerzo durante 90 minutos o más.

La distancia recorrida ofrece otra enseñanza interesante. Mediocampistas como Rodri, Declan Rice, Federico Valverde o Enzo Fernández suelen completar entre 11 y 13 kilómetros por encuentro. Pero, ese dato, por sí solo, explica muy poco. A diferencia de un corredor de fondo, un futbolista alterna caminatas, trotes, piques máximos, cambios de dirección y pausas constantes. No gana quien más corre, sino quien administra mejor cada esfuerzo. 

Otro indicador clave es la cantidad de aceleraciones y desaceleraciones. Un jugador puede realizar más de 150 cambios bruscos de ritmo durante un partido, sometiendo músculos, tendones y articulaciones a un estrés muy superior al de una carrera continua. Por eso, los preparadores físicos consideran que la fuerza, la estabilidad y la potencia resultan tan importantes como la capacidad aeróbica. No alcanza con correr mucho: también hay que saber frenar, cambiar de dirección y volver a acelerar.

La información que generan estos sistemas también sirve para planificar entrenamientos y prevenir lesiones. Hoy resulta habitual ver a futbolistas como Jude Bellingham o Pedri entrenar con chalecos GPS que registran cada movimiento. Si un jugador acumula demasiada carga, disminuye su capacidad para acelerar o presenta signos de fatiga, los cuerpos técnicos ajustan las sesiones o incluso deciden darle descanso. "Los datos permiten comprender mejor lo que ocurre dentro del campo y adaptar el entrenamiento a las necesidades de cada futbolista", sostiene la FIFA en su plataforma Training Centre.

Aunque correr una maratón y disputar un partido del Mundial son desafíos completamente distintos, existe un punto en común: el rendimiento no depende solamente de sumar kilómetros. La recuperación, el descanso, la fuerza, la alimentación y el análisis de la carga también forman parte del entrenamiento de miles de corredores amateurs. De hecho, muchos relojes deportivos ofrecen hoy métricas similares a las que utilizan los equipos profesionales para planificar el trabajo.

Los datos, por sí solos, no ganan partidos ni hacen cruzar una meta. Ni Mbappé necesita ser el futbolista que más kilómetros recorre, ni Rodri el más veloz del torneo. Cada uno administra el esfuerzo de acuerdo con su función. Y quizá esa sea una de las principales enseñanzas que deja el fútbol de élite para cualquier corredor: entrenar mejor no siempre significa entrenar más, sino aprender a utilizar cada kilómetro con inteligencia.