Para quienes viven en Buenos Aires y otras ciudades sin relieve, el entrenamiento para grandes desafíos de montaña requiere ingenio, técnica y una planificación que convierta cada puente o escalera en un aliado estratégico.
Correr en la montaña siendo habitante del llano es, ante todo, un desafío a la creatividad. En ciudades donde el horizonte es una línea recta perfecta, la falta de altimetría natural obliga a los atletas (de todos los niveles) a buscar estímulos que preparen al cuerpo para una realidad geográfica ausente. No se trata solo de acumular kilómetros en el asfalto o el pasto, sino de enseñar a los músculos y a la cabeza a reconocer una fatiga que solo aparece cuando el terreno se inclina hacia el cielo, un requisito indispensable para quienes sueñan con las etapas del Raid o la inmensidad de El Cruce.
Para Milton Niedfeld, la preparación se cimenta bajo dos focos muy claros. “El primero es la fuerza específica para trail runners, trabajando con ejercicios concéntricos, excéntricos y pliométricos para mejorar el rango de movimiento y la propiocepción”, cuenta el coach del E.O. Milton Fila RT. Y añade: “Esta base es la que acostumbra al cuerpo a la intensidad de la montaña, permitiendo que las articulaciones y los tendones respondan con estabilidad cuando el suelo deja de ser firme y predecible”.
Niedfeld pone especial énfasis en el análisis de la altimetría de cada objetivo, para adaptar la llanura en lugares como “La Montaña de La Cruz”, en Ituzaingó. Allí, mediante fondos aeróbicos intensivos medidos por frecuencia cardíaca y distintos tipos de trepadas técnicas —ya sean asistidas o cortas en series—, se dota al corredor de herramientas reales. “El objetivo es que la adaptación sea gradual y equilibrada, combinando el desnivel con el trabajo en calle para lograr un volumen dosificado que permita disfrutar la transición a la montaña”, apunta sobre la preparación para citas de varios días como El Cruce.
“En el Iron Team apelamos más a la calidad por encima de la cantidad de entrenamiento. A un corredor de trail, el método que más se asemeja es el método del maratonista, en perfiles de corredores de nivel medio. No nos obsesionamos con el volumen y estar horas y horas haciendo puentes o escaleras”, detalla Hugo Bressani, de Iron Team. “Tenemos muy en cuenta el historial del corredor para que pueda, de a poco, sumar volumen sin lesionarse. Creemos que la base estructural de un corredor que vive en zonas planas puede trabajarse en el gimnasio a lo largo de todo el año con ejercicios como peso muerto”, continúa. Para Bressani, el principio de individualidad no es negociable. Por ello, su recomendación central como entrenador es encontrar el equilibrio justo para cada corredor.
Por su parte, Sebastián Caballero, de Oeste Running Team, explica cómo la infraestructura urbana se convierte en el simulador de carrera. En su caso, los puentes y las subidas del Acceso Oeste son el escenario para sumar volumen y kilómetros verticales. Aunque el entorno no sea el ideal de un valle andino, Caballero sostiene que estos espacios son fundamentales para acumular esas "horas de carrera" necesarias, alternando tramos llanos con pendientes para que las piernas entiendan la alternancia del esfuerzo que exigirá, por ejemplo, el terreno técnico del Raid.
La fuerza en el gimnasio vuelve a aparecer como un pilar innegociable en la visión de Caballero: “Es el motor para afrontar tanto la potencia de subida como el impacto de las bajadas”, precisa. Además, destaca el uso de la cinta de correr con elevación como un recurso técnico valioso según la época del año. “Esta herramienta permite realizar trabajos de larga duración con inclinación constante, algo imposible de encontrar de forma natural en las grandes urbes argentinas”, grafica.
Esta búsqueda de la "montaña artificial" se replica en cada rincón de Buenos Aires y del país donde la altimetría es esquiva. Desde las escalinatas de las plazas (como la Facultad de Derecho) hasta las calles empinadas de San Isidro, por caso, el trail runner aprende a leer la ciudad con otros ojos. El entrenamiento se vuelve un ejercicio de paciencia y repetición, donde la acumulación de pequeños desniveles urbanos termina construyendo la resistencia necesaria para encarar los senderos de Jujuy en el Raid o las incesantes alturas del sur patagónico.
Es sabido que los corredores que viven cerca de cerros y montañas cuentan con una ventaja. Sin embargo, el éxito en las competencias de larga distancia no depende únicamente de vivir al pie de la Cordillera, sino que radica en la calidad de los estímulos realizados. Adaptar el cuerpo a través de la técnica de trepada, el fortalecimiento específico y la medición del esfuerzo aeróbico permite que, al llegar al terreno real, la montaña no sea una desconocida. Con una planificación inteligente, el llano deja de ser una limitación para transformarse en la plataforma de despegue hacia la cumbre.